Hace unos días leímos una noticia donde se mencionaba que, según estimaciones de la Asociación Nacional de Bebidas Refrescantes (Anber), el consumo de agua embotellada en nuestro país había aumentado de 7 a 22 litros per cápita en casi una década.

Y para los próximos años también existen proyecciones optimistas: por ejemplo, el estudio Agua embotellada en Chile, de la consultora Euromonitor International, explica que “se espera que el agua embotellada continúe creciendo a un ritmo saludable (…) debido al impacto de las tendencias de salud y bienestar de los consumidores, y la migración de carbonatos y jugos”.

En Biwil nos pareció algo muy bueno, porque significa que el agua se está abriendo paso entre las bebidas gaseosas. Y tal como declara la Organización Mundial de la Salud (OMS), “el menor consumo de bebidas azucaradas implica una reducción de la ingesta de azúcares libres y de la ingesta calórica total, una mejor nutrición, y una disminución en el número de personas que presentan sobrepeso, obesidad, diabetes y caries dental”.

Pero luego de la alegría inicial nos pusimos más analíticos y nos hicimos una pregunta cuya respuesta parece un poco obvia, pero que no lo es tanto: ¿a qué se refieren los informes cuando dicen agua embotellada? ¿Al agua purificada? ¿O estarán hablando de lo que comúnmente conocemos como agua mineral?

Por lo pronto, lo primero es saber qué significa cada una de ellas.

Las que surgen del suelo

Quizás te parezca extraño, pero en Chile existe un Reglamento de Aguas Minerales (Decreto 106), que regula todas las actividades que se desarrollan en relación con este tipo de aguas, con el objetivo de resguardar la salud de la población.

El cuerpo legal nos provee una definición clara de agua mineral: “Son aquellas aguas naturales que surgen del suelo, que no provienen de napas o cursos de agua superficiales, de composición conocida y que por su constitución o propiedades físico-químicas o biológicas son susceptibles de aplicaciones beneficiosas para la salud”, especifica.

Al provenir del subsuelo, y tal como su nombre lo indica, éstas son ricas en minerales tales como hierro, calcio y sodio, tres elementos químicos son muy importantes para el ser humano porque ayudan a que todas las funciones del cuerpo funcionen correctamente.

Todos los niveles de minerales están regulados por el Decreto 106, que define que el grado de mineralización de estas aguas debe ser, en cualquier caso, inferior de 1,5 gramos por litro. Contrariamente a lo que podría pensarse, estas diferencias no dependen de la marca, sino que de la fuente a partir de la cual se obtuvo el agua.

Aparte de esto, no contienen calorías, saborizantes ni colorantes, como algunos jugos y la totalidad de las bebidas gaseosas dulces. Según la OMS, estas últimas son “uno de los principales factores que está dando lugar a un aumento de la obesidad y la diabetes en el mundo”. ¡Punto a favor para el agua!

Agua purificada

Es probable que este término te suene, sobre todo porque en los últimos años su consumo es cada vez más habitual, tanto en casas como en farmacias, oficinas o instituciones públicas, entre otras. Si no nos crees, haz la prueba de contar en cuántas de éstas hay una máquina o un bidón con agua y unos vasos para que las personas se refresquen mientras esperan.

Según la Corporación Nacional de Consumidores y Usuarios de Chile (Conadecus), podríamos considerar como agua purificada a la que no proviene de la llave ni tampoco califica como agua mineral según el Decreto 106, antes mencionado.

No obstante, por lo general, éste es el origen del agua purificada. Su gracia está en que es sometida a un tratamiento físico-químico de purificación, para eliminar todas las partículas sólidas disueltas en el agua potable o mineral (las que se adhieren de manera natural mientras fluye desde la fuente de origen).

A diferencia de las aguas minerales, éstas tienen un nivel muy bajo de mineralización, pudiendo alcanzar los cero gramos por litro. Tal condición la hace más adecuada para personas que deben consumir una dieta con menos sodio porque padecen de enfermedades como hipertensión, por ejemplo.

Por lo general, el modo de presentación de este tipo de agua no es en botellas, sino que en bidones que funcionan gracias a un dispensador. Ahora, si lo prefieres, también puedes intentar con métodos para purificar el agua en tu casa: de este modo tendrás una alternativa práctica y económica en las épocas de más calor.

Con todo, y considerando que los estudios hacen referencia al aumento del consumo de las bebidas percibidas como “más sanas o menos artificiales”, creemos que podrían referirse, indistintamente, al agua mineral o embotellada. ¡Lo importante es que ambas son la mejor opción a la hora de refrescarse e hidratarse!

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