A un poco más de 100 kilómetros del centro de Santiago se encuentra uno de los tres últimos bosques de palma nativa chilena que existen en nuestro país: el palmar de Ocoa, en el Parque Nacional La Campana, una Reserva de la Biósfera al interior de la Región de Valparaíso.

Se trata de un sector de abundante vegetación y fauna nativa típica de la zona precordillerana del centro de Chile. El parque completo es tan grande que tiene unas 8.000 hectáreas, divididas en tres zonas: Granizo (972 hectáreas), Cajón Grande (1.588 hectáreas) y Palmas de Ocoa (5.440 hectáreas).

Hasta allá llegué desde Santiago, para pasar un domingo de caminatas, aire limpio, picnic con los amigos y, lo más importante, contacto con la naturaleza en su estado más puro. Ésta es mi experiencia, la que espero que también sea disfrutada algún día por todos quienes tienen el mismo espíritu Biwil.

Los senderos tienen miradores donde se puede observar cómo las palmas cubren gran parte del territorio. El silencio y la contemplación de la naturaleza son un buen pago por la caminata.

Cerca de Santiago

Una de las gracias de este parque es que está cerca de los grandes centros urbanos: Olmué y Limache, en la Región de Valparaíso (y, por extensión de Viña del Mar y de Valparaíso); y, por otra parte, queda a un poco más de una hora desde la Región Metroplitana. O sea, no hay que recorrer grandes distancias para acceder a él.

Yo fui en auto desde el centro de Santiago, por la Ruta 5 Norte: un camino fácil de manejar y muy interesante debido a su diversidad geográfica y vegetal. Si vas un fin de semana cualquiera, es muy probable que el tránsito sea fluido, incluso en los peajes (hay que pagar dos de ida y dos de vuelta: $6.000 en total).

Se llega al parque directamente por el sector de Ocoa, en la comuna de Hijuelas. La ruta y el camino están indicados con bastante claridad; además, a medida que vamos llegando comienzan a verse las palmas chilenas en abundancia, así que es casi imposible perderse.

Dentro del parque

El parque es un verdadero oasis en el centro del país: es un lugar con abundante vegetación en las quebradas, matorrales espinosos y gran variedad de cactus y otras especies nativas típicas de la zona. Y entre todas ellas destacan, altas y robustas, las palmas chilenas en todo su esplendor.

Llegamos un poco antes del mediodía, hora perfecta porque el sol aún no alcanza su punto más alto y, por lo tanto, no hace tanto calor. Encontramos un lugar para dejar nuestras cosas a orilla de un riachuelo sin agua por esta fecha, pero con suficiente árboles y sombras como para comer tranquilos y frescos.

Los terrenos donde es posible hacer un picnic están debidamente demarcados. Son todos de condiciones similares entre sí, por lo que todos son muy buenos. Pusimos las cosas en un mesón de madera y comenzamos. Ojo, porque no se puede hacer fuego ni siquiera en cocinillas, por el riesgo de producir un incendio forestal.

Dicen que en la época correcta, los degús -una especie endémica de roedores muy tiernos- llegan hasta esas áreas de picnic y hacen su vida a vista y paciencia de las personas. Lástima que fines de septiembre no fuera el momento para haberlos visto (sólo visitamos indicios: sus madrigueras, su comida y su caquita).

Una panorámica del sector Amasijo-Portezuelo. Se puede apreciar la inmensidad del palmar y, de fondo, el cerro La Campana (del cual el parque toma su nombre).

Caminatas

Yo, subiendo por el sendero de Las Cabras, rodeado de matorrales y chaguales.

Luego de comer y descansar, llegó la hora de hacer trekking. Hay varios senderos naturales habilitados, pero si uno va por el día tiene que decidirse sólo por uno de ellos. Mejor, porque así hay una excusa para volver y conocer los otros.

Nosotros caminamos por dos de ellos: Las Cabras y otro que se llama Amasijo-Portezuelo. El primero es un corto trecho de unos 20 minutos, que conecta la zona de picnic con el comienzo del otro sendero, de unos 12 kilómetros (y que, para recorrerlo, hay que caminar durante unas 5 horas, más o menos).

Se trata de un recorrido que bordea las montañas -siempre de frente al cerro La Campana-, y que mira directamente a las quebradas, donde es posible apreciar la mayor concentración de palmas del parque. Es un camino angosto y un poco disparejo, pero lleno de exuberante vegetación y una vista extraordinaria.

Los caminos están debidamente señalizados, así que es muy fácil seguir la ruta.

El día comenzó a nublarse, por lo que pudimos disfrutar de un poco de sombra y de viento. Sin embargo, fue igualmente extenuante. Por eso, el consejo sería ir siempre bien preparados con agua, barritas energéticas y bastante bloqueador solar. Si a esto le sumamos unas zapatillas firmes y cómodas, más la compañía de los amigos… tenemos el panorama perfecto para un sábado o domingo (o ambos, porque se puede acampar).

No alcanzamos a hacer el circuito completo, por falta de tiempo; pero lo que vimos fue suficiente para devolvernos con los pulmones refrescados por el aire puro, y el corazón inflado por la sensación de estar en contacto con especies tan nobles que sólo se dan en esa zona. Llegamos a Santiago cerca de las 9 de la noche, prometiendo volver lo más pronto posible. A ver si a ti también te pasa.

🌴🌴🌴🌴🌴 Información del parque 🌴🌴🌴🌴🌴

  • Dirección: al sector Palmas de Ocoa se llega por la comuna de Hijuelas, en dirección al poblado de Ocoa. Posteriormente se toma la ruta F-304.
  • Horario: hasta las 17:00 horas.
  • Precios para chilenos: $2.300 (adultos); $1.200 (niños, adultos mayores, adultos en situación de discapacidad).
  • Precios para extranjeros: $4.000 (adultos); $2.000 (niños).
  • Mascotas: no están permitidas.
  • Servicios: senderos, miradores, baños, y áreas de picnic y camping. Está prohibido hacer fuego.
  • Locomoción colectiva: desde Limache, bus Nº45 a Granizo; bus Nº40 a Cajón Grande. No hay hacia el sector de Palmas de Ocoa.
  • Información:  +56 32 2320210 / +56 32 2320212 o valparaiso.oirs@conaf.cl
LEER ARTÍCULO COMPLETO

Comentarios

comentarios

Publicación anteriorEl cobre como eje de una economía sostenible
Siguiente publicaciónLa mejor receta para ser felices: la música