En una dieta balanceada, las frutas y verduras deberían ser el centro de nuestra alimentación, pero a veces con el ritmo de vida, el estrés, la falta de tiempo y el exceso de responsabilidades, comemos cualquier cosa y no ingerimos lo que corresponde.

Si a esto le sumamos que ya empezaron los bruscos cambios de temperatura (cada vez más fría), estamos expuestos a la proliferación de virus y bacterias. Esto nos hace más propensos padecer alguna de las desagradables enfermedades de invierno.

Y no estamos exagerando: en 2017, las consultas por enfermedades respiratorias aumentaron en un 40% en relación con 2016, sumando 177 mil personas atendidas por virus tales como la influenza, parainfluenza o sincicial entre mayo y junio.

En este contexto un tanto adverso, en nuestra dieta es bueno incluir alimentos que permitan reforzar nuestro sistema inmunológico y mejorar nuestra calidad de vida.

1. La vitamina A la encontramos en el tomate, la E en el aceite de oliva y el ajo tiene propiedades antibacterianas y antivirales.

Que vivan las vitaminas

“Las vitaminas A, E, B y C son aliadas imprescindibles para mejorar las defensas, gracias a sus propiedades y funciones de protección de las células respiratorias”, explica Silvana Saavedra, jefa de carrera de nutrición y dietética de la Universidad del Pacífico.

En el caso de la vitamina A, la especialista recomienda optar por frutas y verduras “de color rojo, como el tomate, la betarraga, las fresas y cerezas; también, por vegetales verdes, como la espinaca o la lechuga; y naranjos, como la zanahoria y el zapallo”.

En tanto, se debe buscar la vitamina E en el aceite de oliva, girasol o soja; también en los frutos secos, cereales y germen de trigo. Y, además, se puede ingerir en espárragos y hortalizas de hojas verdes.

Los cereales en base a trigo suelen ser buena fuente de vitamina E.

Para que este invierno no falte la vitamina B, la especialista destaca que no se pueden olvidar el pescado, los huevos y las legumbres, así como los cereales, productos lácteos, carne e hígado, por ejemplo.

Y la vitamina C la encontramos en los cítricos como naranjas y limones; en ricas frutas como los kiwis, manzanas, peras y algunas verduras como brócoli, pimiento y papas.

Menos grasas

La experta destaca que hay que reducir el consumo de grasas, ya que restringirían la capacidad de respuesta del sistema inmunológico, favoreciendo el contagio de enfermedades. También propone aumentar el consumo de lácteos fermentados, ya que las bacterias de productos como el yogur y las leches cultivadas ayudan a aumentar las defensas.

En estas fechas debemos ingerir minerales, los que se encuentran en los frutos secos.

Saavedra aconseja consumir ajo y cebolla: “El ajo, porque además de tener factores antibacterianos y antivirales, aumenta las defensas. Y la cebolla, porque alivia síntomas de enfermedades respiratorias”, dice.

Y no debemos olvidar alimentos que contengan minerales como el zinc, magnesio, cobre, hierro y selenio, los que se pueden encontrar en legumbres, frutos secos, carnes, pescados y huevo, entre otros.

Por último, sostiene que los hongos y setas también son bienvenidos, y recomienda tomar abundante agua: “Se deben consumir al menos dos litros diarios, ya que ayuda a fortalecer nuestro sistema inmunológico”, finaliza.

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