Por lo general, con el frío llegan también las ganas de comer un poquito más. Y a pesar de que en los meses de invierno las personas tienden a consumir comidas más pesadas y densas calóricamente, esto no significa que elijan alimentos poco saludables.

Nunca hay que olvidar que si el consumo de frutas y verduras es reemplazado por sopaipillas, pizzas, sopas de sobre, calzones rotos y todo tipo de grasas y carbohidratos de mala calidad… se puede estar en riesgo de alterar los índices de colesterol.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que se debe limitar el consumo de grasa solamente al 30% de la ingesta de calorías diarias. Y, de hecho, éstas no tienen que ser saturadas ni industriales de tipo trans, como las que están presentes en la mayoría de los antojos invernales.

Aunque sea invierno y den ganas de comer cosas cerdas… igual hay que cuidarse.

Antonieta Latorre, especialista en prevención, tratamiento y control de la obesidad, asegura que “es muy importante ingerir alimentos funcionales en el día a día, ya que contienen diferentes componentes bioactivos que ejercen beneficios en la salud; en este caso disminuir el colesterol”.

Legumbres para el frío

La experta recomienda comer legumbres, imprescindibles en una alimentación saludable y balanceada, ya que aportan nutrientes y ayudan a saciar el hambre. “Algunos fitoquímicos de las leguminosas están implicados en la reducción del colesterol sérico y en la prevención de la formación de la capa de ateroma que degenera en enfermedades cardiovasculares”, explica.

Agrega que “las lectinas favorecen el transporte de colesterol sanguíneo y su metabolismo, y reducen el riesgo de acumulación en las paredes de las arterias. Las saponinas disminuyen la absorción de colesterol en el tracto digestivo, por lo que también son beneficiosas. Además, las legumbres tienen fibra con efectos positivos”.

Un plato de avena integral es rico en proteínas, vitaminas, minerales y fibra.

También en esta época se debe consumir avena integral, un cereal rico en proteínas, lípidos, vitaminas, minerales y fibra soluble. Puede ser al desayuno o en alguna colación. “En cantidades adecuadas, puede contribuir a disminuir las cifras de colesterol sanguíneo, así como a controlar la glucosa plasmática postprandial y la respuesta insulínica”, detalla la nutricionista.

Frutas y frutos secos

Si nos da hambre, una excelente alternativa son los frutos secos, especialmente ricos en nutrientes beneficiosos y esenciales para el organismo al contener vitaminas, fósforo, magnesio y calcio, ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados, fibra y antioxidantes.

“El consumo de los frutos secos está asociado con la disminución del colesterol total y LDL colesterol, por sus propiedades antioxidantes, que tienen un efecto protector contra enfermedades cardiovasculares”, señala la especialista.

El aceite de oliva extra virgen disminuye los niveles de colesterol malo y aumenta el bueno.

Y aunque sea invierno no hay que olvidarse de las frutas, imprescindibles en una alimentación balanceada por su contenido de agua, fibra y antioxidantes. Para Latorre, “las que contienen mayores cantidades de antioxidantes son el calafate, maqui y murtilla. Se han asociado a una mejoría de algunos de los parámetros biológicos que modifican el riesgo cardiovascular, como el colesterol total, colesterol LDL malo y la presión arterial”.

A su vez, el tomate ayuda por su contenido de licopeno, que es el pigmento que le da su tan característico color rojo: “Ha demostrado tener un efecto hipo-colesterolémico, además de muchos otros beneficios para la salud”, asegura la nutricionista.

Por último, no hay que olvidar el aceite de oliva extra virgen, que contiene vitaminas como la A y E, además de ácidos grasos monoinsaturado y sustancias antioxidantes que benefician la calidad de vida.

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