Tal como es posible determinar que un auto eléctrico es eficiente porque no emite Gases de Efecto Invernadero a la atmósfera, existe una certificación que también asigna esta misma característica a los edificios. Sí, leíste bien: edificios.

Pero ¿en qué consiste? Como primer paso para entenderla, debemos remitirnos a su nombre: LEED, que no es más que la sigla de Leadership in Energy and Environmental Design (Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental, en español).

Ésta es una definición bastante clara, que permite hacerse una idea general; sin embargo, para adentrarnos en las reales implicancias del concepto, tenemos que seguir adentrándonos en el tema. ¡Sigamos descubriendo juntos! ?

Espacios saludables y seguros

Para ser más específicos, la idea de la certificación LEED es  fomentar la construcción de edificios a partir de una mirada más sustentable. Es decir, una obra que se somete a esta evalución debe cumplir con ciertos requisitos y estándares, tales como:

  • Disminuir el impacto ambiental en el proceso de construcción.
  • Propiciar el uso de luz natural en sus instalaciones.
  • Reducir el gasto de energía y agua.

“El objetivo de esta certificación es mejorar la forma de diseñar, construir, operar y mantener las edificaciones, con miras a disminuir los impactos ambientales resultantes durante su ciclo de vida y a obtener espacios más saludables, seguros y confortables para ocupantes y trabajadores”, señala el sitio de Green Building Council Chile.

Postulación

“Lo de la certificación está muy bien, porque es una manera de avanzar en el campo de desarrollo más cercano y manejable. No obstante, el entendimiento de la sostenibilidad en una ciudad no se relaciona sólo con diseñar edificios LEED”, Andrés Cataldo, arquitecto”

Se trata de una medida sustentable, y hay que ser estrictos. Por eso, los proyectos inmobiliarios pueden participar mediante una postulación voluntaria, la que será evaluada por una organización independiente de origen estadounidense llamada United States Green Building Council (USGBC). Ésta reúne a un grupo de expertos de diversas áreas de la construcción, quienes determinan si un edificio cumple los requisitos para contar con la certificación LEED.

De acuerdo con las características de cada edificio, la USGBC les otorga una puntuación con la que pueden conseguir distintos tipos de certificaciones, las que en orden ascendente se clasifican en:

  • Certificado (40 a 49 puntos).
  • Plata (50 a 59 puntos).
  • Oro (60 a 79 puntos).
  • Platino (80 a 110 puntos).

Entre los aspectos más relevantes a evaluar destacan que el lugar donde se emplace el edificio genere el menor impacto ambiental en el entorno, procurando conservar el ecosistema y los recursos hídricos. Además, debe contemplar un uso moderado del agua, promoviendo la reducción en su consumo y la reutilización.

Finalmente, también se valora que durante el proceso de construcción los recursos deben ser sostenibles y se deben reducir los residuos y que debe propiciar una mejora en la calidad del aire en el interior de sus instalaciones, buen acceso de luz natural y una adecuada panorámica hacia el exterior.

Ampliar la mirada

Andres Cataldo
Andrés Cataldo, arquitecto y Máster en Intervención Sostenible en el Medio Construido.

Como ven, estos criterios de evaluación hacen referencia a la construcción y uso de un edificio, pero también a la calidad de vida de sus habitantes. Ésta es una mirada que compartimos en Biwil, porque apunta al desarrollo de ciudades sustentables.

Así lo entiende Andrés Cataldo, arquitecto y Máster en Intervención Sostenible en el Medio Construido, de la Universidad Politécnica de Cataluña: “Lo de la certificación está muy bien, porque es una manera de avanzar en el campo de desarrollo más cercano y manejable. No obstante, el entendimiento de la sostenibilidad en una ciudad no se relaciona sólo con diseñar edificios LEED”, opina.

A su juicio, los profesionales del área deben considerar que el diseño y la construcción de este tipo de edificaciones también son una herramienta para generar conciencia sobre un vuelco hacia una vida más sustentable: “Toda la sociedad consume cosas y genera residuos; para reducirlos, o para evitarlos, tenemos que cambiar su educación… y una buena forma de partir es mostrándoles que los lugares donde viven o trabajan pueden ser eficientes”, explica.

Para el arquitecto, se trata de una sinergia en la que las construcciones sustentables guiarán nuestra forma de entender la forma de vida, y que estos mismos cambios culturales relacionados con el reciclaje, la disminución de las emisiones de carbono, la eficiencia energética, etc., se van a ir viendo reflejados cada vez más en los edificios.

Es decir, una vez más, nos encontramos con una realidad innegable: todo desarrollo sustentable, incluyendo el de las ciudades, va de la mano con nuestro comportamiento, con nuestros hábitos. La buena noticia es que la construcción de este tipo de edificios nos ayudarán a adoptar una forma de vida que no sólo es más moderna o confortable, sino que también más respetuosa con el entorno.

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