En Biwil hemos declarado abiertamente que no nos gusta el cigarro. Bien podrían decirnos “entonces no fumen”. ¡Claro que no lo hacemos! El problema es que algunos fumadores poco empáticos olvidan que comparten un espacio común personas a quienes no nos gusta el humo.

Dejando de lado nuestro desagrado por el cigarro, hay hechos objetivos. Por ejemplo, que es un problema de salud pública a nivel mundial. Por eso la Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva a cabo encuestas periódicas para hacer un catastro detallado sobre su consumo.

En el caso de Chile, existe preocupación por parte de las autoridades por los resultados que han arrojado estas encuestas. Sólo por mencionar algunos: la edad en que están empezando a fumar los jóvenes es 12 años, mientras que el 38% de los adolescentes es fumador… ambas estadísticas nos sitúan en los primeros lugares en América Latina. Mal.

El otro problema

Además de ser dañino para la salud, el cigarro lo es también para el medioambiente. Las colillas se transforman en basura y, para colmo, terminan en el piso en lugar del basurero.

Se estima que una colilla tarda alrededor de 15 años en biodegradarse, a lo que hay que agregar que sus compuestos (arsénico, níquel y cromo, entre otros) se filtran en la tierra generando más contaminación.

Con esos antecedentes, el desafío debería ser -en lo posible- bajar los índices de consumo de cigarro. No obstante, también hay que hacerse cargo de todo el desperdicio que se genera hoy.

Sobre todo si consideramos que cada año se producen 6 billones de cigarros, generando 1,2 millones de toneladas de residuos. Entonces, ¿qué podemos hacer?

Un ladrillo de esperanza

Un grupo de científicos australianos está trabajando en lo que podría ayudar, en parte, a resolver esta problemática. Se trata de un ladrillo elaborado con colillas de cigarro.

“He estado soñando durante muchos años con la búsqueda de métodos sostenibles y prácticos para resolver el problema de la contaminación de los cigarrillos”, dice el doctor Abbas Mohajerani, profesor titular de la Escuela de Ingeniería de RMIT.

La materia prima fundamental para elaborar un ladrillo es la arcilla, al que le añaden el desperdicio del cigarro que ha pasado por un tratamiento previo. Tan sólo agregando un 1% de este nuevo material, los investigadores han demostrado que es posible reducir la energía necesaria para elaborar un ladrillo.

Si bien aún se están haciendo pruebas, el equipo liderado por el profesor Abbas, ya cuentan con resultados concluyentes que demuestran que este tipo de ladrillo es más eficiente que uno convencional, principalmente porque cuentan con mejores propiedades de aislamiento térmico, reduciendo los costos en calefacción o refrigeración de los hogares.

Éste es un gran paso para combatir este problema, y que nos pone muy felices. Aunque todo sería más fácil si todos los fumadores dejaran de serlo. Se harían un gran favor, y también al medioambiente.

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