Ahora que pasó el verano, y que las carreteras del país vuelven a estar más tranquilas, ¿qué tal si te vas a dar una vuelta a la Reserva Nacional Río Los Cipreses un fin de semana? Si no lo conoces, te contamos desde ya que es un muy buen panorama para alejarse del cemento, los edificios y el esmog… pero muy cerca de Santiago.

Se trata de una reserva administrada por la Corporación Nacional Forestal (CONAF) ubicada en la comuna de Machalí, región de O’Higgins, a 145 kilómetros de nuestra capital. Eso significa que son 2 horas y media en auto, aproximadamente. Casi lo mismo que ir a Viña en un día de alta congestión.

Desde ya te adelantamos lo que podrás ver en sus más de 36 mil hectáreas de superficie: un fértil valle que se abre paso al Río Los Cipreses, rodeado de altas montañas nevadas en invierno, caídas de agua, quebradas, riachuelos, pozas cristalinas, senderos… y mucha, mucha flora y fauna nativa.

Una panorámica desde uno de los miradores a los que se accede siguiendo un sendero de casi 3 kilómetros.

En resumen, es una experiencia de contacto directo con la naturaleza, con todas las comodidades y seguridades que ofrece una reserva natural administrada por la CONAF. Esto implica que hay instalaciones seguras, baños, refugios, lugares para acampar, hacer un picnic y recorrer todo un fin de semana.

En primera persona

Hasta tan sólo unos meses no había oído hablar de este lugar. Por eso pensé que sería muy difícil llegar por mi cuenta. Error. A pesar de que no hay suficiente señalética en el camino, llegar es muy sencillo si se siguen las instrucciones generales.

Esto fue lo que yo hice: tomé la Ruta 5 Sur y llegué hasta la ciudad de Rancagua. Desde ahí tomé la llamada Carretera del Cobre hasta la localidad de Coya. Seguí avanzando hasta cruzar Pangal y el mismísimo río Cachapoal. Desde ahí hay que continuar subiendo unos 16 kilómetros más, adentrándose en el valle.

Aquí estoy en una de las caídas de agua que hay a lo largo de sus múltiples senderos. Fui en invierno, por eso el outfit.

Cuando las ciudades van quedando atrás, el paisaje se vuelve cada vez más salvaje, con grandes zonas de cultivos o de bosque nativo y con montañas que se abren paso para permitir que el auto siga avanzando. Este escenario no sólo sirve para recrear la vista, sino también para llenar los pulmones de aire puro.

El plus de este viaje es la nieve en invierno… porque los cerros en todas direcciones se ven completamente blancos, impregnando el ambiente de un frío que no es molesto sino todo lo contrario: te llena de ganas de seguir avanzando hacia la entrada principal del parque.

El parque

Luego de un recorrido de más de una hora por un camino rural -que, en todo caso, puede hacer cualquier auto, aunque no sea una camioneta o un 4×4– llegué a la puerta donde estaba la caseta del guardaparque, quien nos dio la bienvenida y nos entregó las instrucciones claramente.

Tres postales muy verdes de tres senderos diferentes.

En la entrada misma hay un museo bastante pequeño, pero muy interesante. En él se muestran algunas de las especies de flora y fauna nativa presentes en la reserva, así como reseñas sobre su historia y algunos hallazgos de fósiles del que, por lo menos yo, no tenía la menor idea.

Una de las muestras en exhibición, en el museo o centro interpretativo de la entrada.

Una vez adentro se puede apreciar la magnitud de su belleza. Todo es silencio. Todo es verde, partiendo por una gran explanada en el centro del lugar, donde se pueden estacionar los autos y armar las carpas que servirán de refugio para los valientes que pasen la noche (y que sirve, a la vez, como zona de seguridad y punto de encuentro).

Desde allí se pueden ver los cerros, pero no seis senderos: los hay para principiantes (250 metros), de exigencia moderada (2 a 2,5 kilómetros) y otros para los más expertos (6 kilómetros).

Todos estos recorridos están rodeados de naturaleza indómita y llegan a puntos culminantes de gran belleza. Por ejemplo, los dos que yo hice fueron: el sendero del loro tricahue, que finaliza en un gran acantilado hacia el río, donde esta especie endémica de la zona hace sus nidos. El otro sendero me condujo a una cascada y a un mirador desde donde se ve la reserva en 180º.

Incluso podrías toparte con un guanaco o un puma, dos de las especies protegidas que también habitan en la zona. Yo no los vi, así que estoy preparando la mochila para volver al parque, a ver si tengo suerte.

✅ Datos útiles

  • Ubicación: comuna de Machalí, Región del Libertador Bernardo O’Higgins.
  • Servicios: senderos, refugios, paseos a caballo y camping ($5.000 por persona).
  • Mascotas: prohibido su ingreso.
  • Asados: prohibido hacer fuego.
  • Contacto: reserva.cipreses@conaf.cl ó +56 72 229 75 05.
  • Valor de la entrada:
    • $2.500 (adultos chilenos y niños extranjeros de 6 a 17 años)
    • $5.000 (adultos extranjeros).
    • $1.200 (chilenos entre 6 y 17 años, adultos mayores o adultos en situación de discapacidad).
    • Gratuita para niños menores de 6 años, y chilenos menores de 17 años en situación de discapacidad.

⚠️ Conoce más información en el sitio web oficial de la CONAF.

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