señaletica
En esta foto de la señalética se aprecia, más o menos, cómo es el recorrido. Además, hay una descripción del sendero y varias características técnicas. O se que todo el que sube… sabe exactamente a qué va 🙂

Si te gusta el trekking y las aventuras al aire libre, te voy a presentar una ruta que no es tan conocida, pero sí bastante sencilla y, lo más importante, muy entretenida. Se trata del Sendero al Refugio Alemán, ubicado en plena Cordillera de Los Andes.

Se llama así porque el camino conduce a una antigua edificación construida por el Club Alemán Andino en 1937, en la punta del cerro. En esa época fue un refugio robusto y concurrido, pero ahora está abandonado… y sólo es visitado por uno que otro amante de la montaña o por aspirantes a deportistas como yo.

Para comenzar el recorrido, primero hay que llegar al Parque Yerba Loca, porque por ahí está la única entrada habilitada. Una vez adentro del parque -previo pago de una entrada general de $3.000 diarios por persona- sólo hay que ponerse de acuerdo con los amigos y comenzar el ascenso.

Yo fui justo un sábado en que había más de 34ºC y bastante humo, por los incendios forestales. Esto no hizo imposible la caminata, pero sí agregó una dificultad: el excesivo calor y la disminución del oxígeno. Por eso, la primera recomendación es hacer este trayecto cuando haya pronóstico de días nublados o cuando el sol no esté en su punto más alto (más tirado para la mañana o para la tarde, pero nunca a eso del mediodía).

hermosa vista
Una hermosa vista desde uno de los senderos. A esta altura del viaje ya casi había pura roca, y nada de vegetación… ¡porque nos estábamos acercando a la cima!

Primer tramo: un paseo por la pradera

Desde el parque es fácil acceder al sendero, porque está muy bien demarcado y hay señalética que, a grandes rasgos, explica la topografía del lugar, las alturas, las distancias, y las especies de flora y fauna que nos acompañarán en cada punto específico.

El primer tramo es de lo más sencillo: poca altura, poca pendiente y un terreno firme. Es un paisaje bastante árido, porque no cuenta con grandes árboles que hagan sombra; de hecho, la única vegetación son un par de arbustos de montaña, docas y una que otra mata de manzanilla y astromelias silvestres.

la pradera
Digno de “La pequeña casa en la pradera” o de la mismísima Heidi…

Luego, el paisaje empieza a cambiar: el camino se estrecha y alrededor comienzan a advertirse extensas planicies entre las quebradas, llenas de vegetación y de animales que no se ven, pero sí se oyen. Una panorámica impresionante son las enormes paredes de roca a lo lejos. Claro que en esos momentos no sabía que el refugio estaba allí, precisamente.

Lo bueno es que cada cierta cantidad de metros recorridos hay un cartel que indica el progreso de la caminata, y entrega algunos datos sobre el lugar: altura, distancia a la cima, flora y fauna, por ejemplo (en total hay 11 tótems).

quebrada
Una vista desde arriba. Abajo se ve un riachuelo que tiñe de verde sus laderas. En esta quebrada es posible respirar aire puro y sentir el mugido de algunas vacas a lo lejos.

Segundo tramo: montaña pura

Hay un momento en que se puede ver una gran meseta llena de pasto y flores, lo que hace pensar que en cualquier momento aparecerá Heidi persiguiendo mariposas. Pero ése es el último respiro que nos da la montaña, porque a contar de ahí todo se pone cuesta arriba. Literalmente.

El suelo se vuelve rocoso y resbaladizo, y la pendiente mucho más inclinada. El esfuerzo físico más la altura hace que, irremediablemente, uno deba bajar un poco la marcha. Además, el camino se estrecha aun más, lo que obliga a ir en fila para no caerse por la ladera que conduce directo al lecho de un estero… claro que a cientos de metros más abajo.

camino escaparpado
El camino comienza a ponerse escarpado y un poco más angosto en la medida que nos vamos acercando a la cima.

Si bien el sendero está catalogado con dificultad media, hay tramos en los que es bastante peligroso; sobre todo, en aquéllos donde sólo hay una pared de roca a un lado, y precipicio del otro. Por lo mismo, hay que ir con mucho cuidado. Sin prisa ni apuros.

camino
El camino se vuelve rocoso y empinado. En la foto, a lo lejos, se ve como una delgada línea en ascenso. Arriba, un minúsculo punto, se ve el refugio alemán.

De hecho, cuando quedaba casi un kilómetro para llegar al bendito refugio pensé que quizás era momento de devolverse, por lo escarpado del terreno y las pocas horas de luz que quedaban. Sin embargo, el espíritu aventurero pudo más, y me empujó a continuar con la misión. Mis amigos y yo ya habíamos caminado más de dos horas. No nos íbamos a detener ahora.

La última parte del recorrido es exigente: curvas cerradas, camino estrecho, rocoso y resbaloso. Hay abundante vegetación que a veces se niega a dar paso a los caminantes, y las piedras sueltan mucha tierra, que se adhiere a la ropa sudada. Pero la construcción de 1932 se puede ver desde ahí, casi al alcance de la mano, a un par de metros… así que no queda más que continuar.

Y, de pronto, luego de unas tres horas de subida -con varios altos para comer y tomar agua, claro- se llega al refugio alemán. Ahí está la casa. Ahí está la cima. Están los cerros alrededor, con sus cóndores y sus glaciares. A lo lejos se ve Farellones y La Parva. Hacia el otro lado, la ciudad de Santiago. Arriba, sólo cielo.

Pero había que devolverse

Quedarse arriba por varios minutos no es sólo una necesidad física (para descansar), sino que también espiritual. Estar en contacto con la naturaleza y saborear el triunfo de una aventura satisfactoria no puede ser un proceso rápido ni apurado. Por eso, me quedé disfrutando, en silencio, contemplando…

arriba a contraluz
En la punta del cerro, disfrutando de los últimos rayos del sol mientras descansábamos un rato, para continuar con el descenso.
refugio
Bueno, bueno… éste es el refugio alemán en ruinas. La foto no es de nosotros, porque, absortos por el paisaje sólo nos dedicamos a mirar los cerros… y se nos olvidó tomar fotos de la edificación. (Foto: Aallevents.in).

Hasta que llegó el momento de bajar, porque el sol amenazaba con esconderse detrás de los cerros. Agarré mi mochila, tomé agua y comencé el descenso; por supuesto, éste fue mucho más rápido, por la pendiente y porque ya conocía el camino.

Las partes peligrosas seguían allí, pero ya las podíamos manejar con un poco más de destreza. Lo único diferente que vimos fue la coloración distinta de la piedra, producto del ocaso, y algunas manadas de vacas y de conejos silvestres que se nos atravesaron en la zona más plana, casi al llegar abajo.

Tras algo más de una hora llegamos nuevamente al punto de partida, oscuros porque la noche nos pilló mientras bajábamos. Como llevábamos linterna y ropa más abrigada, no tuvimos mayores problemas para encontrar la salida ni tampoco nuestras carpas. ¿Las rodillas? Un poco adoloridas… pero el corazón llenito de alegría.

atardecer
Atardece en Santiago, tras una densa capa de humo.

Características del sendero:

  • Tipo de ruta: unidireccional
  • Distancia total (ida y vuelta): 9 kilómetros.
  • Tiempo total: 4,5 horas (3 horas de ida).
  • Altitud máxima: 2.489 metros.
  • Dificultad técnica: media.

Información de Yerba Loca

  • Dirección: Camino a Farellones 20.100, Lo Barnechea, Región Metropolitana.
  • Horario de verano (octubre a marzo): de 8:30 a 18:00 hrs. (Salida: 20:00 hrs.).
  • Horario de invierno (abril a septiembre): de 8:30 a 17:00 hrs. (Salida: 18:00 hrs.).
  • Entrada general: $3.000 diarios.
  • Entradas especiales (menores de 12 y mayores de 60 años): $2.000 diarios.
  • Pago: en efectivo o cheque.
  • Mascotas: no están permitidas.

[Todas las fotos, excepto la que tiene el crédito respectivo, son gentileza de Ana María García y Leonardo Cabezas. ¡Gracias, amigos!].

El Sendero al Refugio Alemán está ubicado en plena Cordillera de Los Andes. Se llama así porque el camino conduce a una antigua edificación construida por el Club Alemán Andino en 1937.

Para comenzar el recorrido, hay que llegar al Parque Yerba Loca, porque por ahí está la única entrada habilitada (entrada general de $3.000 diarios).

Es fácil acceder al sendero, porque está muy bien demarcado y hay señalética que, a grandes rasgos, explica la topografía del lugar, las alturas, las distancias, y las especies de flora y fauna.

Luego, el paisaje empieza a cambiar: el camino se estrecha y alrededor comienzan a advertirse extensas planicies entre las quebradas, llenas de vegetación y de animales que no se ven, pero sí se oyen.

Quedarse arriba por varios minutos no es sólo una necesidad física (para descansar), sino que también espiritual. Estar en contacto con la naturaleza y saborear el triunfo de una aventura.

 

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