Hay personas que prefieren utilizar leña para calentar sus hogares o para cocinar. Las razones son varias, aunque dos suelen ser las principales: es un biocombustible que puede ser conseguido fácilmente y, además, es más barato comparado con la parafina, el carbón o la electricidad.

Aunque está presente a lo largo y ancho de Chile, su uso empieza a ser mayor en la medida que se avanza en latitud. La razón es muy sencilla y lógica: mientras más al sur, la temperatura disminuye paulatinamente, al tiempo que aumentan las horas diarias de frío…. Y en un escenario como éste, la leña aparece como una buena opción para calentarse.

Al respecto, la Medición del Consumo Nacional de Leña y otros Combustibles Sólidos Derivados de la Madera (2015) mostró que en el sur del país están las regiones donde, en relación con el total de sus casas, se concentra el mayor porcentaje de uso de leña: de Aysén (99%), de Los Lagos (96%) y de Los Ríos (95%).

Pero hay un problema: según el Ministerio del Medioambiente, la alta penetración de este biocombustible en los hogares chilenos representa, actualmente, una de las principales fuentes de contaminación atmosférica en todas las ciudades del centro y sur de Chile.

Por eso debemos tomar conciencia sobre el uso seguro y responsable de la leña. De este modo podremos evitar, en la medida de lo posible, todos los factores que contaminan y ponen en riesgo a las personas y al ecosistema.

Partículas diminutas

Cuando la leña está húmeda, su combustión no es completa, lo cual es muy importante desde el punto de vista de la salud (y no sólo de si prende más rápido o de si calienta más o menos).

De hecho, la mala combustión de la leña en el sector residencial representa el mayor aporte de emisiones de material particulado con diámetro igual o inferior a 2,5 micrómetros. En otras palabras, esto es lo que en lenguaje técnico se conoce como el PM2,5.

Este término es una sigla en inglés que se desprende del concepto Particulate Matter (PM), y que se usa para referirse a partículas muy (muy) diminutas que, por su tamaño, son 100% respirables por las personas.

Al ser inhaladas, entran al aparato respiratorio y se alojan en una de las zonas más delicadas de los pulmones: los alvéolos, que es donde se produce el intercambio gaseoso con la sangre (es decir, la absorción del oxígeno del exterior y la eliminación del dióxido de carbono).

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), algunas de las consecuencias de la exposición a estas partículas son: mayor probabilidad de sufrir infecciones agudas en las vías respiratorias y un importante factor de riesgo de cardiopatías, neumopatía obstructiva crónica y cáncer de pulmón en adultos.

¿Qué se está haciendo?

El informe Planes de Descontaminación Atmosférica, del Ministerio de Medio ambiente, reconocen que “la contaminación atmosférica es el principal desafío para la autoridad ambiental en Chile. Hoy, 10 millones de personas en el país están expuestas a una concentración promedio anual de PM2,5 superior a la norma”.

Ante tal panorama, las autoridades están trabajando en medidas de control de emisiones, orientadas a disminuir la contaminación en todas las regiones, especialmente en las ciudades más contaminadas de Chile. Entre ellas, se encuentra la restricción del uso de leña para calefacción domiciliaria o comunitaria durante días críticos.

Esta regulación contempla, principalmente, los días de emergencia y preemergencia ambiental en la Región Metropolitana, donde “se prohíbe el funcionamiento de todo tipo de calefactores que utilicen leña, pellets, aserrín o similares, destinadas a la calefacción de viviendas y de establecimientos públicos y privados, estén o no provistas de sistemas de doble cámara de combustión”.

Las prohibiciones de este tipo son complementadas con un conjunto de medidas prácticas para reducir el impacto negativo del uso de leña en la salud. Algunas de éstas, que pueden ser llevadas a cabo por las propias personas, son:

  • Impulso de calefactores menos contaminantes y más eficientes.
  • Disponibilidad de leña seca.
  • Viviendas con menor demanda de energía (mejor aisladas térmicamente).
  • Sistemas alternativos de calefacción.
  • Sensibilización y educación de la comunidad.

Respecto del primer punto, el Decreto Supremo Nº39 establece que la emisión máxima de material particulado de los calefactores nuevos que se vendan en la Región Metropolitana deberá ser de 2,5 gramos por hora. Todos los demás quedan prohibidos… haya o no emergencia o preemergencia.

Sería de gran utilidad que todos cumpliéramos con la reglamentación, pero más importante aún es que comprendamos realmente el problema de usar leña en mal estado, sobre todo en las zonas más críticas. ¡De todos depende ayudar para tener un mejor aire!

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