En el póquer, blufear es hacer creer a los jugadores que posees un juego que no tienes. En esos casos, el jugador implementa una estrategia agresiva y audaz, para hacer creer que posee una combinación de naipes de gran impacto, aunque no haya nada que lo respalde. Es como proferir una amenaza que sabes que no vas a cumplir o prometer algo imposible de hacer.

El anuncio que hizo el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el 1 de junio de 2017 -y que dice relación con que esa nación abandonará el Acuerdo de París- es un bluf. El presidente sabe que tal decisión no entraría en vigencia dentro de su periodo de Gobierno y, a pesar de eso, igual comunicó la noticia.

El Acuerdo de París es parte de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, y establece medidas para la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) a contar de 2020.

Pocos saben que para formalizar esa decisión hay que esperar que pasen tres años; y, posteriormente, otro año para que entre en vigencia. Es decir, un total de cuatro años, lo cual implica que ello ocurriría al final de su mandato. O sea, sólo constituiría un hecho real si lograra la reelección en 2021.

En ese sentido, los diseñadores administrativos del Acuerdo de París fueron muy previsores, y es evidente que pensaron en la posibilidad de un evento como éste. Por esa razón incorporaron esta obligación, generando un acuerdo que hiciera que la suscripción de las partes fuera fluida y, por el contrario, su abandono, difícil.

Las verdaderas intenciones

Más allá de eso, Trump maneja hábilmente las emociones y las expectativas. Su éxito en los negocios lo ha fortalecido en estas estrategias. Está jugando con los mercados en función de sus intereses en favor de las industrias más contaminantes del planeta. Por lo tanto, para él es más importante hacer el anuncio que el hecho cierto de poder formalizarlo realmente en futuro.

“Trump maneja hábilmente las emociones y las expectativas. Para él es más importante hacer el anuncio que el hecho cierto de poder formalizarlo realmente en futuro”.

Las razones para justificar el retiro son parte de la misma estrategia: que el Acuerdo de París “sería muy caro para EE.UU.”. Con ello, Trump le habló directo al corazón del norteamericano medio rural y al inmigrante aspiracional que ya se siente norteamericano, generando certezas y mejores expectativas respecto de la generación y conservación de empleos.

Pero ese mensaje tiene una segunda lectura, que va dirigida al bolsillo del inversionista de empresas que no son amigables con el medioambiente, quienes ven la perpetuidad de sus contaminantes negocios (más ahora, que la gran mayoría del mundo está abandonando ese nicho, dejando el mercado disponible para ellos).

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“El presidente Trump está jugando con los mercados en función de sus intereses en favor de las industrias más contaminantes del planeta”.

Una mega catástrofe

Pero la evidencia científica es elocuente. El cambio climático es producido por la raza humana, debido a cómo consumimos, cómo nos movemos, cómo fabricamos productos, cómo hacemos agricultura, cómo nos calefaccionamos, cómo intervenimos la tierra y el mar, cómo deforestamos… entre otras muchas cosas.

El mayor daño acumulado lo hemos provocando durante los últimos 65 años. El resultado está a la vista y es, en realidad, innegable: el planeta avanza hoy dentro de los escenarios más pesimistas pronosticados por la comunidad científica y que, precisamente, el Acuerdo de París quiere evitar.

“La actividad humana ha provocado un aumento de un 30% de la acidez promedio del mar; mientras y ha estresado casi la totalidad de los acuíferos terrestres”.

En ese contexto, nuestra huella planetaria es siniestra: ya hemos superado el umbral máximo planetario de concentración de dióxido de carbono (400 PPM). Nos acercamos a alcanzar un aumento en 2ºC de la temperatura promedio de nuestros continentes y océanos. De hecho, según el MCC de Berlín restan sólo 18 años para enfrentar esta mega catástrofe.

Según el NOAA, la actividad humana ha provocado un aumento de un 30% de la acidez promedio del mar; mientras, el Instituto Mundial de Recursos Naturales alerta que el hombre ha estresado casi la totalidad de los acuíferos terrestres. Por su parte, el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales del Brasil cuantificó que la deforestación anual de la Amazonía fluctúa hoy entre los 6.000 y los 8.000 km2 al año.

Nos acercamos a alcanzar un aumento en 2ºC de la temperatura promedio de nuestros continentes y océanos. Esto está provocando el derretimiento de los polos y de los glaciares, poniendo en riesgo la vida animal y humana.

¿Qué hacer?

En estos 65 años, hemos generado tantas necesidades de consumo, que la comunidad científica estima que se requieren 1,6 planetas Tierra para satisfacernos. ¿Cómo será posible gestionar agendas pro-crecimiento en las distintas naciones si con las necesidades actuales la Tierra no da abasto? Este aspecto se vería aún más agravado con la decisión de los Estados Unidos.

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Estados Unidos de América es el país que más contamina el planeta. Por eso, los ojos del mundo vieron con optimismo su suscripción al Acuerdo de París.

Las cifras más validadas las ha entregado el Panel Intergubernamental en Cambio Climático (IPCC), indicando que, en la actualidad, generamos 12.000 millones de toneladas de CO2 por año. Y, en ese contexto, EE.UU es el país que más ha contaminado el planeta.

Si nos sumamos a la estrategia del presidente Trump, podríamos decir que el mundo también puede hablar de costos: la humanidad y los ecosistemas están pagando un precio elevado por la gran contaminación que produce la vida humana en la Tierra. Esto se materializa en la pérdida a gran escala de los hielos polares; el inicio de la extinción cada vez más acelerada de la flora y fauna; la muerte irreversible de los arrecifes de coral; y la pérdida de miles de hectáreas de bosques arrasadas año a año por incendios forestales.

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La humanidad y los ecosistemas están pagando un precio elevado por la gran contaminación que produce la vida humana en la Tierra.

A eso hay que sumar el alza del precio de los alimentos; los destructivos aluviones, huracanes y ciclones cada vez más intensos y frecuentes; sequías, desertificación y degradación de los suelos; la pérdida de agua dulce; y el aumento del nivel del mar, que está derivando en la desaparición de islas y la penetración de agua salada a los bordes costeros.

Los costos asociados a todos estos impactos son incalculables y, sin duda, muy superiores al ahorro que EE.UU pretende obtener si se sale del pacto mundial.

La hora de actuar

Cabe hacer presente que no hay nada que una más a las personas que un enemigo común. Es por ello que varios de los líderes mundiales han hecho público su total oposición a la acción de los Estados Unidos.

En definitiva, lo que Trump acaba de hacer es acelerar el horizonte de muerte de miles de especies del planeta, incluida la raza humana. Lo que él no dice es que los escenarios científicos pronostican que dicho impacto será más fuerte en el hemisferio norte (en Canadá y Estados Unidos) y, por lo tanto, lo que ha vendido es pan para hoy y muerte para mañana.

Pero cabe hacer presente que no hay nada que una más a las personas que un enemigo común. Y eso es lo que el presidente Trump debe representar para todas las personas con conciencia local y global. ¡Y las señales no se hicieron esperar! Es por ello que varios de los líderes mundiales han hecho público su total oposición a la acción de los Estados Unidos.

El mensaje es nítido: ¡ha llegado la hora de actuar! En todos los niveles: dentro de las familias, los barrios, las comunas, regiones y naciones. También, en los lugares de trabajo, los centros de educación, y en general, en todas las organizaciones. Ello hará que se cumplan dos objetivos globales así definidos por las Naciones Unidas: (11) Ciudades y Comunidades Sustentables; y (13) Acción por el Clima. Todo aporte suma, por muy pequeño que parezca.

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El mensaje es nítido: ¡ha llegado la hora de actuar! En todos los niveles: dentro de las familias, los barrios, las comunas, regiones y naciones. También, en los lugares de trabajo, los centros de educación, y en general, en todas las organizaciones. Todo aporte suma, por muy pequeño que parezca.

[Columna de opinión de Hernán Silva Bórquez, escrita el 2/6/17]

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Hernán Silva Bórquez
Ingeniero civil de la Universidad de Chile; experto en transporte sustentable; líder mundial contra el cambio climático (certificado por The Climate Reality Project).