Antes de su invención, el hombre utilizaba materiales naturales como la resina y gomas vegetales extraídas de los árboles. No obstante, la continua búsqueda de mejores y más versátiles materiales permitió al hombre descubrir uno que podía moldear y fijar de acuerdo con sus necesidades: el plástico.

El primer plástico 100% sintético fue creado por Leo Baekeland en 1907, quien utilizó derivados del petróleo para crear la baquelita, usada en teléfonos, televisores y juguetes. Cien años después, sufrimos a diario una serie de impactos sociales y ambientales relacionados con el sobreconsumo del plástico, sobre todo provenientes de aquellos objetos de un solo uso, como las bolsas plásticas, diseñadas para  tener una vida útil de 15 minutos, desde el supermercado al hogar.

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¡Estamos rodeados de plástico! Ya es hora de preocuparnos de la basura que desechamos y los materiales y recursos económicos que enviamos al vertedero.

Fabricados de un recurso no renovable como el petróleo, las bolsas y todos los objetos fabricados con plástico tardarán al menos 500 años en degradarse, para convertirse en algo aun más letal: partículas milimétricas denominadas microplástico, que posteriormente serán absorbidas por seres vivos como el plancton, peces y, al final de la cadena, nosotros (los humanos).

En 2006, la Fundación Ellen MacArthur lanzó un reporte denominado “La Nueva Economía del Plástico: Repensando el futuro de los plásticos”. En éste se indica que en 2050 habrá más plásticos que peces en el mar, lo cual, se convierte en un tenebroso pronóstico para los seres vivos que lo habitan y para quienes los consumen (sí, nosotros).

El plástico como desecho

Según esta misma organización, sólo el 14% de los plásticos generados en el mundo son reciclados, con una retención del valor del 5%. Esto significa que el 95% del valor del plástico de empaque se pierde anualmente.

Según el Ministerio del Medio Ambiente, en Chile se utilizan 386.000 bolsas plásticas por hora y se estima que cada persona usa, en promedio, 1,5 bolsas diarias, de las cuales el 90% termina en un vertedero o relleno sanitario. Al mismo tiempo, desde nuestras costas desechamos alrededor de 25 mil toneladas anuales de plásticos.

Frente a una realidad que atenta contra el medioambiente y nosotros, los seres vivos que lo habitamos, en 2013 se informó que Pucón sería la primera comuna en Chile en eliminar y prohibir las bolsas plásticas en el comercio.

Pese a las buenas intenciones, la Contraloría General de la República indicó que una ordenanza no puede afectar, mediante una prohibición, el derecho a desarrollar una actividad económica. Por eso, las ordenanzas tuvieron que modificarse para ‘desincentivar’ el uso de las bolsas de manera gradual (no prohibir). Esto se convirtió en una práctica tan exitosa que posteriormente fue implementada en 46 comunas.

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En Chile se utilizan 386.000 bolsas plásticas por hora y se estima que cada persona usa, en promedio, 1,5 bolsas diarias, de las cuales el 90% termina en un vertedero o relleno sanitario.

Buenas y malas alternativas

Sin embargo, las alternativas que se han presentado no siempre son las mejores. Incluso, hay algunas que se convierten en un nuevo problema:

▶️ Bolsas Oxo – Biodegradables

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Día a día vemos bolsas plásticas en todos lados. Algunas de ellas dicen ser más ecológicas, pero no siempre lo son.

Estas bolsas fueron un golpe de éxito para quien las creó, pero sólo por poco tiempo. La alternativa consiste en una bolsa de plástico a la cual se le añade un aditivo químico que le permite únicamente fragmentarse en un tiempo menor a 2 años. Si bien ya no son visibles ante nuestros ojos, las pequeñas partículas de plástico quedarán y quedarán.

Gonzalo Muñoz, de la empresa TriCiclos, explica los impactos negativos de la venta y adquisición de este tipo de bolsas: contener metales pesados en su composición o ser imposibles de incorporar a cadenas de reciclaje, por el riesgo de perpetuar el aditivo en todo el proceso. Son, entonces, un nuevo objeto a nuestra lista de rechazables.

▶️ Bolsas TNT (Tela No Tejida)

Son promocionadas como ‘más ecológicas’, por ser de una tela más gruesa que las bolsas camiseta regulares; es decir, por ser reutilizables. Generalmente, esta tela es fabricada utilizando polipropileno, un tipo de plástico usualmente reciclable. No obstante, no existe, a la fecha, una empresa que pueda hacerse cargo de su reciclaje. Nesko Kuzmicic, gerente de operaciones de Rigk Chile, indica la dificultad que presentan para ingresar en sistemas de reciclaje, puesto que se necesitan cuchillos especiales al ser un material entretejido, convirtiéndose en un material poco apetecible para reciclar. Y, como a muchos posibles consumidores les puede haber sucedido, tengo en mi casa una bolsa llena de bolsas TNT que se han roto, y no sé qué hacer con ellas. ¡Siguiente!

▶️ Bolsa de papel

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Ni tan buenas: en comparación con el plástico, el papel contamina un 70% más, y consume mayor cantidad de agua y árboles.

Son las preferidas de muchos cuando preguntamos ¿cuál bolsa hace menos daño al medioambiente? En comparación con el plástico, el papel contamina un 70% más, consume mayor cantidad de agua y árboles, y pesa más (por lo que un camión trasladaría menor cantidad de bolsas de papel que de plástico, debiendo realizar más viajes, generando más dióxido de carbono).

Por otra parte, y como recalca la disruptiva diseñadora Layla Cagur, ambas bolsas son reciclables, pero si las enviamos a relleno sanitario, la bolsa de papel podría contaminar aún más a través de la generación de gas metano.

▶️ Algodón, crea cruda o lino

El algodón es una buena alternativa, por ser un material orgánico y renovable. Si dejamos que el tiempo pase y nuestra bolsa se estropea podemos compostarla. No obstante, este material no se queda atrás con impactos ambientales y algunas críticas. Siendo la fibra textil más usada en el mundo, la fabricación de algodón es cuestionada debido al alto uso de insecticidas y pesticidas, utilizando entre el 24 y el 11% de las ventas mundiales de esos productos.

De hecho, según la WWF, sólo para producir un kilo de algodón se necesitan veinte mil litros de agua, lo que equivale a una polera y par de jeans”. Además de la degradación de los suelos generadas por estos químicos, la salud humana de los trabajadores y usuarios de esta fibra también suele verse afectada.

Frente a esto, existen marcas certificadas como orgánicas y sustentables, que buscan evitar los impactos regularmente generados por este sector productivo:  Cleaner Cotton, Fairtrade y Global Organix Textile Standard.

Por su parte, el lino es una de las fibras textiles más antiguas. Está creada a partir de tallos de plantas y suele absorber menos agua que el algodón, lo que la hace una mejor opción. Para ambos materiales existen certificaciones orgánicas que permiten saber si está manufacturado de forma realmente sustentable.

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Estamos acostumbrados a pedir bolsas plásticas para todo, incluso aunque no las necesitemos. Comencemos a cambiar este hábito, prefiriendo alternativas menos contaminantes.

¿Cuál opción preferir?

Podemos darnos cuenta que todas generan impactos ambientales debido, en gran manera, a la industrialización de los procesos productivos. Mientras podamos prolongar la vida útil de nuestros objetos evitaremos volver a la naturaleza a extraer más recursos y, por otro lado, dejaremos de depender de sistemas de reciclaje que puedan recuperar sus materiales para reinsertarlos en nuevos ciclos de funcionamiento.

Por esto, la opción más duradera corresponde a las bolsas de algodón, lino u otras fibras textiles que son lavables y que no suelen romperse con facilidad. Yo me quedo con la antigua bolsa del pan, la bolsa de algodón.

Una pregunta razonable y bastante común de oír es ¿dónde pondremos ahora nuestra basura si no usamos bolsas plásticas? Aquí es donde se invita a pensar antes acerca de su generación de basura y no sólo sobre lo que la contiene. Terminar con el uso de bolsas plásticas no es terminar con el problema trascendental y de base: la utilización de objetos de un solo uso (bolsas plasticas, bombillas plásticas, revolvedores, cápsulas de café, vasos para llevar de café, etcétera).

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Hay varias alternativas a las bolsas plásticas. Lo mejor que podemos hacer es elegir una que nos guste y reutilizarla cada vez que vayamos al supermercado, al negocio de la esquina, etc.

La manera que tenemos como sociedad de fabricar, consumir y desechar nos tiene al borde de agotar los recursos naturales. Es nuestra oportunidad (más bien deber) de comenzar a preocuparnos de la basura que desechamos y los materiales y recursos económicos que, junto con ella, enviamos al vertedero. Elijamos opciones verdaderamente duraderas y fabricadas con recursos renovables.

¿Es posible atacar esta problemática de fondo también a través de ordenanzas municipales? ¿Cómo funcionaría una sociedad donde las políticas públicas avanzaran hacia la economía circular, donde las empresas estuvieran obligadas a diseñar sus productos para ser recuperados al final de su vida útil a través del reciclaje o el compostaje? Nos estamos haciendo las preguntas. Es momento de comenzar a responderlas.

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Macarena Guajardo Mavroski
Arquitecta, MSc de energía, tecnología y estructuras sostenibles (TU, Berlín); Máster en Proyectos Sustentables (IFA, Madrid); fundadora y directora ejecutiva de ONG Basura.