El reciclaje es el proceso de transformar los productos para utilizar las materias primas de las cuales están hechos para confeccionar nuevos objetos. A pesar de que parece tecnología moderna, nació en Japón el siglo IX (donde reciclaban el papel). Y es recién a contar de 1960 que comienza a ser implementado en las ciudades modernas.

Chile es el país que genera más basura en Latinoamérica, pero fue el primero que implementó la Ley de Fomento al Reciclaje y Responsabilidad Extendida al Productor. Gracias a esto, los actores relacionados con la protección ambiental sienten alivio porque, finalmente, existe una regulación para hacernos cargo de nuestra basura, para disminuir los impactos negativos que produce en nuestras comunidades y entorno.

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Chile fue el primer país de Lationoamérica en implementar este marco regulatorio.

Es común escuchar a los niños citando a sus profesores en una clase sobre reciclaje, o a jóvenes comentando que van con su familia a dejar basura al punto limpio de su barrio. Como país, avanzamos hacia un futuro más sustentable… O eso creemos.

Gracias a mi trabajo en Fundación Basura, me pregunto constantemente sobre cuán efectivas son realmente este tipo de estrategias. ¿Vamos por el camino correcto? ¿Es la Ley de Reciclaje  una solución real? Yo no estaría tan segura.

Costoso y difícil de implementar

Instalar infraestructura para la recepción de residuos sólidos requiere de una alta inversión, no sólo para cubrir costos de construcción, sino también para la mantención. La operación de un punto limpio requiere de un trabajo arduo si se busca lograr el 100% de recuperación. Y es que existen más de 15 clasificaciones de residuos comercializables que muchas personas desconocen.

De hecho, para la mayoría de los consumidores existen sólo 5 tipos: papel y cartón, plástico, metal, tetrapak y vidrio. Dentro de cada uno de éstos, existe una gama aún más amplia de materiales que los operadores de estas infraestructuras deben conocer para segregar, compactar y, posteriormente, enviar a la industria.

El hecho de separar la basura requiere un gasto energético y humano, el que se incrementa con la separación, compactación y procesamiento del material (lavado, fundido, derretido o triturado); además del transporte desde el punto limpio y hacia la industria. Este costo podría hacer inviable el reciclaje, lo que ocurre frecuentemente con materiales de poco valor.

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Instalar infraestructura para la recepción de residuos sólidos requiere de una alta inversión, no sólo para cubrir costos de construcción, sino también para la mantención.

Para Xavier Elias Castelas, existen dos límites para la implementación de esta estrategia:

1️⃣ El ecológico, determinado analizando el impacto ambiental del reciclaje de un material versus el impacto ambiental del mismo material si fuese enviado a un relleno sanitario.

2️⃣ El económico, más fácilmente determinable, pues basta comparar los costos del mercado con los gastos de recogida. Considerando la disminución de los costos de extracción de materias primas como el petróleo, el reciclaje puede convertirse en una inversión insostenible.

La seguridad es otro gasto constante para quienes administran los punto de acopio, asaltados y vandalizados con frecuencia. Por eso, para algunos municipios, como Las Condes, resulta conveniente destinar recursos al uso de camiones de recolección con horarios determinados de detención en espacios públicos, y el funcionamiento de un solo punto central de acopio intermedio.

Reciclaje como downcycling

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El reciclaje puede evitar la extracción de nuevos recursos naturales, pero no necesariamente nos impulsa a un estilo de vida sustentable.

El reciclaje puede evitar la extracción de nuevos recursos naturales, pero no necesariamente nos impulsa a un estilo de vida sustentable. En cambio, el downcycling es el reciclaje de materiales con un valor agregado menor que el del producto original. O sea, es el efecto de reducción de la calidad con cada proceso de reciclado.

Si nos referimos al reciclaje de materiales como el vidrio y los metales, podríamos estar hablando de un ciclo completo. En el caso del papel, la fibra de celulosa puede ser reutilizada unas seis veces hasta que esté tan deteriorada que deba ser mezclada con papel virgen para mejorar su calidad.

Pero la realidad de los plásticos es distinta. Clemente Álvarez detalla que el plástico puede ser reciclado  4 ó 5 veces, siendo habitual que se destine para la fabricación de mantas, calzado y ropa. Aquí se le está dando una nueva vida, pero estos productos no podrán ser reciclados otra vez, por lo que igual terminarán en un vertedero o relleno sanitario.

Por lo tanto, puede resultar una falacia utilizar símbolos de reciclaje continuo en los plásticos, cuando realmente deberían usarse etiquetas que indiquen al consumidor cuántas veces podrá ser reciclado un material hasta que deba ser desechado.

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Deberían usarse etiquetas que indiquen al consumidor cuántas veces podrá ser reciclado un material, como el plástico, hasta que deba ser desechado.

Reciclaje como estrategia

El reciclaje implica consumo energético y no está libre de emisiones. Por esto, debemos avanzar hacia la comprensión del reciclaje como una estrategia, como una parte de un engranaje mayor.

Tal como asegura David Steiner, director ejecutivo de Waste Management, “si crees que reciclar es bueno para el planeta y necesitamos hacerlo más, entonces hay una crisis que confrontar”.

Solemos celebrar el reciclaje en nuestros hogares, escuelas y eventos masivos. Es el caso de Lollapalooza Chile, donde en 2016 se celebró que el 50% de los residuos generados fueron reciclados gracias al trabajo de 700 voluntarios. ¿No resulta en realidad aberrante saber que se generaron 30 toneladas de residuos en solo un fin de semana?

Si vemos al reciclaje como una solución podríamos permitirnos consumir sin culpa una botella plástica sin culpa, porque podríamos reciclarla después. Pero ésta es una práctica que implica consumo energético y no está libre de emisiones. Por esto, debemos avanzar hacia la comprensión del reciclaje como una estrategia, como una parte de un engranaje mayor.

Reciclar menos… es más

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Diseñar sin residuos, rechazar lo no recuperable y regular el consumo son las acciones preventivas más importantes. No basta con un “de vez en cuando”. Es necesario que éste sea nuestro estilo de vida.

El primer gran paso es que las empresas productoras y los consumidores nos preocupemos de generar menos basura. ¿Cómo? Consumiendo productos a granel, comprando sólo lo necesario, comiendo antes de que nuestros alimentos se echen a perder, evitando productos desechables de un solo uso e invirtiendo en objetos de mayor durabilidad fabricados con materiales nobles como el vidrio y el acero.

Vivir con lo que realmente necesitamos no se traduce en limitaciones, sino más bien en beneficios y ganancias: menos viajes al supermercado, a la farmacia, al mall o al punto de reciclaje. Y todo eso significa más tiempo para compartir con nuestros seres queridos, descanso y pasatiempos.

Reciclar es importante, pero es una estrategia que debemos implementar en una última instancia. Avanzar hacia esa visión como país también permitirá generar un marco regulatorio para materiales que la actual ley no abarca (como los residuos orgánicos, que componen casi el 50% de nuestra basura).

Diseñar sin residuos, rechazar lo no recuperable y regular el consumo son las acciones preventivas más importantes. No basta con un “de vez en cuando”. Es necesario que éste sea nuestro estilo de vida. En otras palabras… prevenir es mejor que gestionar residuos.

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Macarena Guajardo Mavroski
Arquitecta, MSc de energía, tecnología y estructuras sostenibles (TU, Berlín); Máster en Proyectos Sustentables (IFA, Madrid); fundadora y directora ejecutiva de ONG Basura.