En la mayoría de las ciudades hay que convivir entre automovilistas, motociclistas, ciclistas y peatones. De hecho, a cada uno de nosotros le ha tocado tener uno y otro rol en esta convivencia diaria.

Cuando no conducía, solía hablar mal de quienes sí lo hacían: decía que eran prepotentes y que no me respetaban; desde que empecé a manejar, esa mirada crítica se amplió también hacia los peatones. ¡Y es que desde el otro lado siempre es más fácil ver las equivocaciones o imprudencias que comete el otro! No yo, los otros.

Desde que me di cuenta de esto, en lo posible trato de ser consciente del lugar que ocupo y cuál es mi objetivo al transitar. Me refiero a que el objetivo principal de cada persona que ocupa las calles es llegar a otro lugar; pero hoy lo que nos debe ocupar es el cómo lo hacemos, aludiendo en este sentido al distrés del que tanto nos quejamos, al autocuidado y a la ciudad y sociedad que queremos construir.

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En las calles a todos nos ha tocado ser peatones, conductores, motoristas o ciclistas alguna vez. Por eso, debemos tener la empatía para comprender que cada uno cumple un rol y que, con respeto, la convivencia es mejor.

Violencia en las calles

El 30 de julio se realizó en Santiago una intervención urbana para visibilizar las muertes por accidentes de tránsito. Y es que es un tema del que debemos ocuparnos, ya que en 2016 hubo 2.178 personas muertas, sin contar a todas las que quedaron con secuelas físicas y/o psicológicas, y a aquéllas que fueron afectadas al perder a un familiar o amigo.

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En la calle, siempre es bueno ponerse en el lugar del otro, porque el espacio público hay que compartirlo.

En lo cotidiano se observan conductas bastante violentas y, en ocasiones, nos encontramos nosotros mismos teniendo estas actitudes. Y cuando nos damos cuenta ¿nos sorprendemos?

Tenemos la sensación de estar en un mundo acelerado, de estar dentro de una máquina o en una competencia que se visibiliza incluso en las calles. Olvidamos que queremos llegar, pues, en general, andamos atrasados… Y cuando nos viene la prisa andamos descuidados y nos exponemos a muchos riesgos.

Peatones invencibles

En los peatones se observan conductas riesgosas, como cruzar el semáforo en rojo o mirando el celular. Muchos atraviesan las calles en los pasos de cebra, pero sin siquiera mirar a un lado o al otro, asumiendo que no viene un auto o que, si viene, se tiene que detener (lo cual, lamentablemente, no siempre sucede).

“Olvidamos que queremos llegar, pues, en general, andamos atrasados… Y cuando nos viene la prisa andamos descuidados y nos exponemos a muchos riesgos“.

Me sorprende ver a jóvenes que andan en grupo y que cruzan la calle corriendo mientras esperan la luz verde. Lo hacen riéndose, creyendo que es una gran hazaña de valentía. ¡Y no sólo ellos! También lo hacen padres y madres con sus hijos pequeños.

Creo que muchas personas se sienten invencibles, y asumen que los automovilistas tienen que verlas si están cruzando la calle. Lo malo es que asumen una conducta temeraria cuando no saben quién está al volante. No conocen su nivel de visibilidad, la velocidad a la que se aproxima, ni mucho menos cómo están sus reflejos.

El consumo excesivo de alcohol también es una conducta insegura para cualquier, peatón, automovilista o ciclista, pues la capacidad de reacción frente a un suceso inesperado disminuye considerablemente, dado que nuestro sistema nervioso central se ve afectado.

A veces nos arriesgamos con las conductas temerarias en el espacio público. Eso hace que la posibilidad de que ocurran accidentes aumenten. ¡Por eso es mejor estar siempre atentos!

Las emociones

A todo esto habría que agregar un factor psicológico al que no siempre se presta atención: transitar por las calles también puede ser riesgoso cuando nos encontramos en estados emocionales intensos y perturbadores; por ejemplo, los que se producen luego de una fuerte discusión o al recibir una mala noticia.

Claramente, éste no es un estado que nos permita conducirnos de manera adecuada, y podemos cometer imprudencias o tener descuidos que nos pueden costar caro. Es por eso que en todo momento debemos estar conscientes de nuestras emociones.

Por eso es muy útil poner en práctica algo que parece muy sencillo, pero que no siempre tomamos en cuenta: salir con el tiempo suficiente es muy necesario para conducir nuestros pasos y medios de movilización con tranquilidad. ¿Vale la pena el distrés y la preocupación cuando ocurre un imprevisto y no salimos con tiempo?

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En algunos países abren las calles para que sólo circulen peatones. Ése es un buen momento para reflexionar sobre nuestro comportamiento no sólo como caminantes, sino que también como conductores.

Amabilidad y respeto

Se dice que debemos conducir a la defensiva, pero yo agregaría con amabilidad y respeto. Podemos ser amables cuando miramos hacia el lado y vemos que otro necesita pasar a nuestra pista, y que nadie le ha dejado circular. Asimismo, los ciclistas agradecen cuando las ciclovías son respetadas por los peatones y pueden circular tranquilamente.

“No podemos evitar la prepotencia de los otros al circular… pero lo que sí depende de nosotros es ser conscientes de nuestro propio actuar y tener una actitud de construcción”.

Pensemos qué gestos nos hacen la vida más grata como peatón, ciclista o conductor y hagámoslo cuando nos toque estar en el otro lado. No vivamos en la queja por lo que los otros hacen mal, sino que construyamos la sociedad armónica en donde todos podamos convivir.

Pensemos en ese objetivo final: llegar a destino y pensemos cómo queremos llegar: sanos, salvos y con la mejor energía. Pensemos en que somos seres únicos que tenemos derecho a vivir. ¿Qué actitud será la que predomine en nuestro andar para tener una mejor calidad de vida?

No podemos manejar la conducta de los otros, no podremos evitar la prepotencia de los otros al circular… pero lo que sí depende de nosotros es ser conscientes de nuestro propio actuar y tener una actitud de construcción de una sociedad más amable, para vivir mejor.

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Fabiola Silva Allende
Psicóloga de la Universidad de Chile, con un postítulo de Psicología Transpersonal (IFTI) y dramaterapeuta (Edras Chile).