La irrupción de las ciudades en los entornos naturales está, por lo general, asociada a la presencia de agua dulce. Es muy difícil desarrollar un núcleo urbano si no se cuenta con una fuente de agua limpia para sus habitantes y para la producción; por eso, la mayoría de los asentamientos humanos -contemporáneos o de la Antigüedad- han sido establecidos alrededor de un cauce de agua o río.

Un río es una estructura viva; es un ente en movimiento que tiene crecidas estacionales y sus meandros se van modificando con el tiempo. El problema es que la conformación actual de las ciudades ha intervenido sus territorios, encausando sus aguas, impermeabilizando los terrenos y secando los humedales.

Históricamente, esta alteración del territorio dentro del radio urbano ha sido la responsable de la alteración del ciclo hídrico natural.

El crecimiento de la población, originalmente asentada en torno a los cauces de agua, ha requerido de la utilización de extensiones de territorio para el desarrollo de las actividades cotidianas como la vivienda y el comercio. Estos espacios urbanos se han ido sofisticando con el desarrollo de las sociedades: se han alejado de las simples edificaciones vernáculas originales, transformando la tierra, impermeabilizándola y oradándola para que construir las ciudades que hoy conocemos.

Todas estas transformaciones del territorio tienen como consecuencia una alteración del ciclo del agua.

Paris
París es uno de los tantos ejemplos de cómo los asentamientos humanos han aprovechado el río para su beneficio. Para esto, lo han encauzado, intervenido, delimitado en su curso… lo que rompe con su curso natural.

El ciclo natural

Es uno de los contenidos básicos que todos los niños deberían aprender en sus primeros años de educación. Así podrían entender que las lluvias son parte de un complejo sistema cíclico del cual dependemos, ya que el agua dulce del planeta soporta toda la vida en la Tierra.

La explicación es relativamente sencilla: el agua expuesta al ambiente se evapora, formando nubes; luego se condensa y se precipita a la tierra, alimentando a ríos y lagos, infiltrándose en los suelos y recargando los freáticos. Y si en todo este camino no es aprovechada se evapora o fluye hasta al mar.

El planeta ha funcionado a través de este proceso constante de movimiento del agua dentro de su ciclo. La lluvia ha transformado el paisaje a través de los siglos, mediante la erosión de la tierra, y así se han formado sus cauces, ríos y lagos.

Como vemos, este ciclo natural de las aguas es un ciclo cerrado. Es decir, al terminar el desarrollo de sus fases vuelve al inicio, y no hay generación de residuos en el proceso. Por tal motivo, se puede decir que es un ciclo limpio.

El ciclo hídrico urbano

La alteración al territorio realizada por el ser humano y el desarrollo de sus asentamientos urbanos  puede expresarse de manera gráfica a través de una gota de agua que cae del cielo, que ya no puede hacer el mismo recorrido que hacía antes de la existencia de la ciudad.

Actualmente el agua que se precipita sobre los centros urbanos es captada por las cubiertas de casas y edificios, o direccionada por las pendientes de las calles impermeables, y recogida por los drenajes que conducen el agua de lluvia hasta el alcantarillado.

Esta transformación en el recorrido del agua, modificando su ciclo natural, ha sido definida como ciclo hídrico urbano.

Sobre este punto, creo que es muy importante y necesario concientizar a la comunidad sobre nuestra responsabilidad, ya que estamos convirtiendo el agua de lluvia en un desecho del cual la ciudad debe deshacerse. Y para hacerlo, es enviada a la planta de tratamiento de aguas servidas, porque fue diluida en el alcantarillado y está contaminada.

¡Esto no tiene ningún sentido! ¿Cómo podemos estar haciendo que el agua de lluvia, limpia y sanadora, se vuelva un problema y un desecho de la ciudad sin siquiera aprovecharla?

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(1) A la izquierda vemos el paisaje natural, con suelos que son capaces de absorber el agua de la lluvia. Con esto es capaz de enriquecer la tierra y alimentar los ríos subterráneos, procurando el crecimiento de las especies vegetales. (2) A la derecha, en cambio, vemos cómo la ciudad ha impermeabilizado los suelos, sin dar la posibilidad a que el agua penetre las capas más profundas de los suelos (que se empobrecen). ¿Qué genera esto? Que existan inundaciones y el agua se pierda.

Ciudades inundadas

El escurrir hacia las alcantarillas es el proceso normal establecido dentro del ciclo hídrico urbano, pero existen en nuestras ciudades muchos puntos de conflicto en donde se producen inundaciones a los pocos minutos de comenzada una lluvia.

Estamos inundando nuestras ciudades y desechando agua limpia, pero ¿cómo llegamos a esto? Entonces, debo hacer la pregunta rigor: ¿qué estamos haciendo mal?

La problemática tiene su origen en la impermeabilización de las ciudades, que genera enormes superficies que no son capaces de absorber las aguas de lluvia; por lo mismo, se producen grandes caudales de escorrentías superficiales.

Entonces, en vez de tener vastas extensiones de campos regados, se transforma en superficies duras que forman verdaderos ríos en la ciudad, transformando el ciclo natural del agua en el ciclo urbano. Esta transformación se debe, principalmente, a que el agua no se reintegra al entorno natural por absorción, infiltración y/o percolación, sino que se canaliza y desecha.

¿Qué podemos hacer?

inundacion
A lo largo de los años, hemos hecho que nuestras ciudades se inunden, porque no son capaces de canalizar y absorber el agua de la lluvia. Esto hace que muchas veces sea vista como una enemiga de los seres humanos cuando, en realidad, es todo lo contrario.

La preocupación global por el problema de las aguas de escorrentía ha llevado al desarrollo de diferentes políticas para la gestión del ciclo urbano del agua. Amplia literatura aborda el problema de la aguas de tormenta y su gestión en los peak hídricos.

Australia, por ejemplo, ha desarrollado un programa de gobierno que se preocupa por este tema y busca cambiar la mirada, incluyendo al agua como un factor relevante a la hora de tomar decisiones en el diseño urbano. Es el caso de programas tan lúcidos como el Water Sensitive Urban Design (WSUD).

El diseño urbano sensible al ciclo natural del agua es la manera del futuro para seguir desarrollando nuestra ciudades. No es aceptable que éstas esterilicen la tierra y desechen el agua limpia, volviéndola un residuo que requiere tratamiento, ni menos que en en ese proceso se produzcan consumos energéticos y emisiones de CO2.

¡No podemos seguir convirtiendo la lluvia en basura! Por eso, el desarrollo de Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible (SUDS) es una de las estrategias aplicadas para la integración de la gestión del agua.

Estas intervenciones buscan captar estas aguas, infiltrándolas en el terreno inmediato o cercano en donde cae la lluvia, evitando que se acumulen o que vayan al alcantarillado. Esto permite que vuelvan a incorporarse en el ciclo hídrico natural, recargando los freáticos.

De esta manera se reducen los problemas de escorrentía superficial, al mismo tiempo que se integra la gestión de las aguas con el paisaje urbano, ya que las zonas de absorción de aguas permiten la presencia de áreas verdes que traen beneficios ambientales.

Es decir, con la aplicación de SUDS se reduce la escorrentía y,  con ello, las posibles inundaciones. Además:

  • Se incorporan áreas verdes a la ciudad.
  • Se reduce la cantidad de agua a tratar por las plantas de tratamiento.
  • Hay menos consumo energético y emisiones de CO2 que derivan del tratamiento.
  • Se fortalece el ciclo natural del agua.
suds 2
La propuesta de los Sistemas de Drenaje Urbano Sostenible implica “escuchar” los procesos naturales y aplicarlos a la vida diaria. Por ejemplo, incluyendo pavimentos que sean capaces de filtrar y absorber el agua de la lluvia. Así es posible realizar proyectos que sean valiosos desde el punto de vista de la arquitectura y el urbanismo, y también desde la naturaleza.

El ejemplo del Paseo San Joan

La aplicación de un Sisitema Urbano de Drenaje Sostenible en el Paseo San Joan, en el Ensanche de Barcelona es un ejemplo de integración de diseño urbano contemporáneo, que entrecruza los requerimientos sociales con los ecológicos e hidrológicos, para formar un espacio de gran valor estético, ecológico y social.

paseo san joan general
En la foto se pueden ver los pavimentos de piedra que posibilitan que las personas recorran y se reúnan en este lugar; pero, al mismo tiempo, permiten la presencia de verde entre las piedras. Esto reduce el calor y absorbe agua de lluvia, formando una intervención muy completa y de gran diseño. (Foto: Andrés Cataldo).

Por su parte Chile, a través del Ministerio de Vivienda y Urbanismo ha llevado a cabo algunas iniciativas similares. Por ejemplo, con la publicación del Manual de Elementos Urbanos Sustentables, una herramienta para profesionales, que permite aplicar criterios sostenibles a la hora de desarrollar propuestas.

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Detalle de los pavimentos drenantes en San Joan, que permiten el crecimiento de hierbas o pastos, aportando una imagen más amigable a la ciudad.

Estas iniciativas son la puerta de entrada hacia un desarrollo futuro más sensible hacia los procesos naturales. Es de esperar que estos manuales, que ahora nos sugieren medidas sustentables en el corto plazo, se conviertan en incentivos y normativas fijas. Así, nuestras intervenciones sostenibles futuras no dependerán sólo de la voluntad de privados, sino que estarán reglamentadas y supervisadas por las instituciones del Estado.

Ahora más que nunca en la historia, nuestras ciudades demandan un equilibrio entre la naturaleza y lo construido. ¿Cómo podemos acercarnos a este ideal? A través de la incorporación de los procesos naturales a los sistemas urbanos, tal como el sistema de drenaje sostenible, que vuelve a conferir al agua la importancia que tiene para la ciudad, sus habitantes y la vida en la Tierra.

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