Hace poco fui a la despedida de un amigo que partió a estudiar al extranjero un tema que le apasiona desde hace muchos años. En esa celebración, él dijo algunas palabras que me llevaron a reflexionar sobre un tema muy importante para nuestro desarrollo personal: los límites que nos limitan.

Hace poco hablamos de la necesidad de decir no puedo o no quiero. Sin embargo, existe otro tipo de límites, autoimpuestos o impuestos por los demás, que frenan el desarrollo de nuestras capacidades, y nos impiden avanzar y lograr lo que hemos soñado.

En el caso de mi amigo fue una persona que él respetaba y quería quien le dijo tú puedes, sueña en grande. Así, se dio cuenta de que él mismo se había puesto límites que no le permitían mirar más allá… hasta que descubrió que tenía muchas capacidades, que requerían dedicación, perseverancia y esfuerzo para ser desarrolladas.

Atrévete a dar curso a las cosas que te gustan, aunque creas que es difícil u otros te hayan dicho que no puedes.

Capacidades diferentes

A veces escucho: mi vida es así; es lo que me tocó; eso es para otros, no para mí… En ocasiones nos ponemos límites nosotros mismos, diciendo que no podemos. En otras, son los discursos externos los que se convierten en las barreras.

En mi trayectoria profesional, he trabajado con niños y jóvenes que presentaban una condición de discapacidad intelectual. Dentro del trabajo me encontré con profesionales de la educación que señalaban ese alumno ya tocó techo o tiene un techito bajo.

¿Qué podemos esperar del desarrollo de esos niños si quienes los están formando dicen que no pueden dar más? Y no sólo los educadores, sino también los adultos a su cargo: padres, abuelos u otros.

Es difícil que sepamos si ese niño o niña puede ampliar sus potenciales si no se cree en él y si no se fomenta su autoestima de manera integral. Esto no significa que debamos sobreexigirlos, sino favorecer el desarrollo potencial de cada uno.

¿Desde niño has querido ser cantante? Entonces es hora de perseguir tus sueños, sin que nada te detenga.

No dejar de soñar

Recuerdo un comercial en el que un niño se iba haciendo invisible con cada frase que los adultos le decían: “No tiene dedos para el piano”; “no tiene cabeza para el estudio”; “no tiene piernas para el deporte”…

¿Cuántos de esos mensajes, que nos fueron diciendo desde niños, permanecen hoy con nosotros y cómo esto afecta nuestra calidad de vida hoy? ¿Qué cosas nos hemos dicho o nos han dicho respecto a nuestras capacidades o nuestros sueños?

Quizás muchos dejaron de hacer deporte, de cantar, de aprender a bailar porque alguna vez alguien dijo que no lo hacían tan bien y creyeron que así era. Crearon sus propios límites y, peor aún, dejaron de luchar por sus sueños.

Quizás muchos te dijeron que no tenías dedos para el piano… o para la guitarra. Demuéstrales que se equivocan.

Si todos nos diéramos por vencidos, no habría personas investigando para descubrir cura a nuevas enfermedades; no habría personas venciendo las barreras que les pone la sociedad cuando presentan una condición física diferente; ni habría personas que luchan por construir un planeta más limpio, menos violento, un mundo mejor.

Pensemos que todos los errores o cosas que no nos resultaron como queríamos, pueden ser el primer paso para invitarnos al desafío. Puede resultar una tarea difícil pero el esfuerzo y la perseverancia son necesarios para derribar nuestros límites autoimpuestos.

Aprendamos a conocernos pero desde ahí, desde intentarlo y no quedarnos en un rol pasivo de “no puedo”, porque una vez no nos resultó. Los invito a pensar en esos mensajes limitantes que les han dicho o se han dicho hasta hoy y piensen que tal vez son barreras internas que es momento de empezar a derribar y mejorar así su calidad de vida.

Sé feliz y vive una vida tranquila, haciendo lo que realmente te gusta.
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Fabiola Silva Allende

Psicóloga de la Universidad de Chile, con un postítulo de Psicología Transpersonal (IFTI) y dramaterapeuta (Edras Chile).