La ciberadicción no se encuentra incorporada en los manuales de clasificación de los trastornos mentales más populares, pero es una conducta que afecta a millones de personas en el mundo, que pasan muchas horas del día conectadas a internet.

Lo que sí se acepta es que podría existir un ‘uso excesivo’ de los dispositivos tecnológicos, ya sea como vía de escape o por las dificultades para establecer relaciones cara-a-cara con otros. Esto debido a que, a través de las redes sociales se puede dar el anonimato y, por eso, existe mayor desinhibición.

Gracias al avance de la tecnología, cada vez es posible estar más conectados. ¿Cuánto del tiempo que pasamos en redes sociales podríamos estar con nuestros familiares y amigos?

Pero ¿qué define un uso excesivo? En general, es cuando comienza a interferir en nuestra vida personal o laboral. Recuerdo que una vez un trabajador a mi cargo me pidió que, por favor, bloqueara Facebook de su computador, porque no podía realizar las tareas que le encomendaba. Esta preocupante falta de autocontrol claramente afectó su desempeño.

Sé de algunas personas que por jugar en línea, por ejemplo, se amanecen… y al día siguiente van a trabajar en pésimas condiciones de energía y concentración. Otros se pasan de la estación del Metro, por ir metidos en el celular o, incluso, pueden retrasarse si tienen alguna cita.

Siempre conectados

Es un buen ejercicio preguntarse: ¿cuántos sentimos que debemos estar siempre conectados? ¿Cuánta ansiedad sentimos cuando estamos sin internet? ¿Cuántos conocemos la verdadera razón de por qué queremos publicar tantas fotografías de las vacaciones? ¿Qué buscamos con eso? ¿Más o menos likes? ¿La aprobación de otros?

A veces no nos miramos a los ojos, porque estamos todo el tiempo conectados a nuestros teléfonos celulares o computadores portátiles. ¿Y si miramos a quien tenemos al lado?

Hoy ya no pedimos un vaso de agua cuando llegamos a un sitio, sino que la clave del WiFi. Pedimos enchufes para cargar el teléfono, por si pasa algo… Y, efectivamente, miles de cosas suceden a cada segundo y es muy bueno estar conectados, pero ¿debe eso impedir la conexión con quienes tengo alrededor, con quien tengo enfrente?

Como psicóloga y como ser humano, me preocupa la forma en que hoy nos relacionamos con la tecnología y con internet. Creo que tenemos la falsa ilusión de estar más conectados que antes, pero no nos miramos a los ojos, no nos hablamos, estamos todos absortos en nuestros teléfonos.

Hoy pareciera que no se tolera el aburrimiento. Pero ¿cuánto del tiempo en que estamos conectados podría ser utilizado en leer un libro, escuchar música o compartir con nuestros amigos frente a frente? ¿Cuánto descuidamos las cosas que deberíamos hacer por estar siempre en internet?

No es malo estar conectado… pero si esto se convierte en una adicción y nos entorpece las relaciones sociales, ¡es hora de parar!

Uso más consciente

Con todo lo expuesto no niego que ver videos en Youtube, comunicarse a través de Facebook, compartir información importante o jugar en línea puede resultar muy beneficioso y entretenido.

“El uso excesivo del internet podría estar afectando nuestra calidad de vida, desde la afectación física que puede provocar a los ojos al pasar tantas horas frente a una pantalla, dolores musculares por la postura de nuestro cuello al estar mirando el celular, hasta la pérdida de las relaciones cara a cara”.

El tema relevante es estar conscientes de cuál es el trasfondo: saber por qué o para qué lo hacemos, y cuánto estaría mermando eso la calidad de nuestro ser individual y social. Es decir, cuánto hemos perdido la capacidad de comunicarnos efectiva y afectivamente dentro de una sociedad compuesta por personas.

El uso excesivo del internet podría estar afectando nuestra calidad de vida, desde la afectación física que puede provocar a los ojos al pasar tantas horas frente a una pantalla, dolores musculares por la postura de nuestro cuello al estar mirando el celular, hasta la pérdida de las relaciones cara a cara.

Los invito a cuestionar y reflexionar sobre el uso que le estamos dando a la red. Depende de nosotros y de nuestra conciencia aprovecharla a nuestro favor y no perjudicar lo que nos debiera importar de verdad: ser.

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Fabiola Silva Allende
Psicóloga de la Universidad de Chile, con un postítulo de Psicología Transpersonal (IFTI) y dramaterapeuta (Edras Chile).