La Revolución Industrial obligó a la sociedad del siglo XVIII a encontrar soluciones energéticas que hicieran funcionar sus máquinas, y aseguraran la continuidad del proceso productivo. Primero se les ocurrió ocupar el carbón; luego, el vapor… y así llegaron al motor de combustión interna y a la electricidad. ¡Todo un avance!

El problema comenzó años después, cuando cada vez había más maquinaria que alimentar y, por lo tanto, se hicieron necesarias más formas de generar energía. Comenzó, así, una sobreexplotación de los recursos naturales y la experimentación con combustibles fósiles, tales como el gas o el petróleo.

Las consecuencias de ese proceso son conocidas: las fuentes de energía se han ido agotando, y la atmósfera se ha contaminado peligrosamente con gases tóxicos y material particulado que, en conjunto, han propiciado el cambio climático que tiene tiene en jaque al planeta.

Por todo esto, es necesario comenzar a usar otros tipos de energía, que tengan igual rendimiento que las convencionales, pero que contaminen mucho menos (ojalá nada). Acá te presentamos una alternativa: la energía eólica.

¿Qué es?

campo-eolico-offshore
Los campos eólicos pueden estar mar adentro. En Inglaterra, por ejemplo, casi todos ellos tienen esta característica (offshore).

Fácil: es la energía producida por el viento. Se ha usado desde la Antigüedad, pero no para generar electricidad -como ahora-, sino que para hacer navegar a los galeones en el mar o para mover las aspas de los molinos de los graneros.

En rigor, es considerada como una fuente renovable indirecta de la energía solar, puesto que es esta última la que, por medio de su radiación, genera las condiciones climáticas que dan origen a los vientos.

De todas las energías renovables, el Informe de las Naciones Unidas sobre el desarrollo de los Recursos Hídricos en el Mundo cita un importante estudio comparativo que determinó que “la energía eólica es la más sostenible, principalmente gracias a sus bajas emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y bajo consumo de agua”.

¿Cómo funciona?

Ya sea en películas o en vivo y en directo, seguramente has visto unos enormes remolinos cuyas aspas giran lenta o rápidamente, dependiendo de dónde estén ubicados. Pues bien, esos aparatos son la esencia de la producción de energía eléctrica gracias a la acción del viento.

En lenguaje técnico, esos remolinos se llaman aerogeneradores. En su interior, éstos tienen un rotor que mueve sus aspas, convirtiendo el viento (energía cinética) en movimiento (energía mecánica); además cuentan con un generador, encargado de transformarla en la energía eléctrica.

Un aerogenerador nunca está solo, sino que forma parte de un complejo mucho más grande que se llama parque eólico, cuyo trabajo conjunto genera la energía eléctrica que, finalmente, llega a las casas. Pero para que funcionen de forma eficiente, estas verdaderas fábricas de electricidad’ pueden ser construidas en dos tipos de lugares:

  • Onshore: son aquéllas que están en grandes planicies, cerca del mar. Este tipo de parque es el más común
  • Offshore: se encuentran a mar adentro, ancladas al suelo marino. Tienen mayor capacidad no sólo porque sus aerogeneradores son más grandes, sino porque el viento es más intenso.

Energía eólica en el mundo

Si bien la producción de electricidad gracias al viento sólo corresponde al 3% del total mundial, se estima que muchos países están invirtiendo en estudios de factibilidad técnica e infraestructura, con el fin de potenciar aún más o dar un giro hacia las fuentes de energía renovables no convencionales.

campo-eolico-onshore
Por lo general, los aerogeneradores se ubican en las planices, cerca del mar (onshore).

Por sus beneficios medioambientales, y también por su excelente rendimiento energético, está siendo cada vez más utilizada en el mundo. De hecho, la Organización de Naciones Unidas (ONU) explica que tan solo durante la década pasada, “la generación eléctrica eólica aumentó en un promedio del 27% (…) y se prevé que continúe creciendo rápidamente en los próximos 20 años”.

A su vez, según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), durante 2015, los campos eólicos de todo el mundo fueron capaces de producir 435 gigawatts (GW). De ellos, China ocupó el primer lugar de producción, con un total anual de 148 gigawatts. El segundo país con mayor capacidad de convertir el viento en energía eléctrica fue Estados Unidos (con 74 GW), seguido por Alemania (con 45 GW).

En los últimos, Chile también se han construido parques eólicos que proveen de electricidad a vastos sectores de la población, proyectos que se enmarcan en la política energética que pretende llegar a un 70% de producción con energías renovables en 2050. ¡Ojalá! ?

LEER ARTÍCULO COMPLETO