En marzo de todos los años se celebra una actividad de carácter mundial, llamada La hora del planeta. Ésta consiste en que todas las personas, las empresas y las organizaciones apaguen las luces durante una hora, un día determinado (en su versión 2018 es el sábado 24 de marzo a las 20:30 horas).

Se trata de un acto simbólico voluntario, que representa el compromiso de todos nosotros para con el medioambiente. Es una manifestación pacífica que grafica que con un simple hecho como apagar la luz estamos contribuyendo a la lucha contra el cambio climático.

Tomemos conciencia sobre cómo estamos usando nuestros recursos en el mundo, no sólo un día específico… sino todos los días.

De esta manera es posible que muchos tomen conciencia sobre la importancia de hacer un consumo responsable de recursos tan valiosos como la electricidad, que en un gran porcentaje sigue siendo generada gracias a energías que generan muchas emisiones de carbono a la atmósfera.

Entonces, se nos presenta un doble problema: por un lado, las emisiones en sí mismas (que favorecen el efecto invernadero) y, por otro, el hecho de que vamos consumiendo recursos que en algún momento se pueden acabar si los seguimos usando indiscriminadamente, como el agua o la madera.

Apaguemos las luces ese día, pero también hagámoslo cuando estemos en la casa el resto del año.

Llamado de atención

Por eso, más allá de que ese día, efectivamente, disminuye el consumo energético durante una hora… La hora del planeta es una invitación para aprender y reflexionar cómo estamos viviendo nuestro día a día: ¿estamos siendo responsables? ¿Nos importa que no se agoten los recursos naturales? ¿Queremos vivir en un mundo mejor?

Si las respuestas son afirmativas, entonces tenemos que asumir ese compromiso con el planeta. No se trata sólo de un día, sino que tenemos que ser constantes y consecuentes todo el tiempo.

El London Eye, en Inglaterra, apaga sus luces durante una hora. ¿Servirá para generar conciencia? ¡Esperamos que sí!

Junto con esta acción simbólica, las personas y las naciones de todo el mundo están tomando acciones concretas para disminuir el impacto ambiental. Una de ellas, quizás la principal, es el Acuerdo de París, al que nuestro país está suscrito (además de nuestro propio Plan de Acción  Nacional d Cambio Climático).

Acciones cotidianas

Ese día, los comerciantes pueden apagar los letreros de neón, al igual que los centros comerciales. Los grandes e iluminados monumentos (como la Torre Eiffel, el London Eye o el Empire State Building) también pueden permanecer a oscuras durante una hora

Ou lalá! La Torre Eiffel en penumbras también nos invita a tomar conciencia.

… Pero lo más importante es lo que haga cada uno de nosotros: ese día, dejando las luces apagadas durante lo que dure La hora del planeta; pero, el resto del año, haciendo acciones cotidianas que también ayudan a combatir el cambio climático.

Por ejemplo, disminuyendo las emisiones de carbono al utilizar transporte público o, mejor aún, andando en bicicleta o caminando. También estaremos ayudando si preferimos las bolsas reutilizables en vez de las de plástico o si reciclamos nuestros desechos domiciliarios.

New York, New York… se suma a La hora del planeta, apagando uno de sus más icónicos edificios: el Empire State Building.

Y, por supuesto, haciendo un mejor uso de la electricidad. Esto significa no dejar encendidas las luces de la casa cuando no las estemos usando, aprovechar de mejor manera la luz natural, cambiar las ampolletas por unas más eficientes y, si se puede, cambiarse a tecnologías que usen las Energías Renovables No convencionales (ERNC), tales como la solar o la eólica.

Sólo así La hora del planeta adquiere real sentido. Sólo así podremos sentirnos felices y orgullos de que, en verdad, estamos haciendo algo que ayuda a la preservación del ecosistema y de nosotros mismos. ¡A tomar conciencia!

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